En un mundo tan dinámico y cambiante, donde un mismo hecho revierte múltiples interpretaciones, miradas y visiones, soportadas casi siempre en el "background" y los sentimientos que nos acompañan, yo aquí plasmo las mías entre líneas, entendiendo que pudieran encontrar un sentido más allá del propio. En todo caso no es otra cosa que una mirada más... entre líneas.


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jueves, 2 de junio de 2011

Importancia de la investigación tecnológica


Si bien la Reforma de la Ley Orgánica de Ciencia, Tecnología e Innovación (LOCTI) y en particular la definición de áreas prioritarias en este tema, parecen plantearle importantes desafíos al sector productivo analizados en detalle el artículo anterior de este blog, las cuales enmarque en un esquema amplio de responsabilidad social; dicha Reforma plantea de igual forma  a los emprendedores, así como a las universidades, centros de investigación y desarrollo, investigadores, profesionales, demás actores y a las propias empresas el reto de la investigación tecnológica, (además de la científica). En este artículo me referiré preferencialmente a la investigación tecnológica, tal vez por deformación profesional, y por su importancia en las ciencias sociales y por sentir además la imperiosa necesidad de reivindicar este tipo de investigación, muchas veces cuestionada desde los propios espacios de investigación al cuestionar o menospreciar su rigurosidad frente a la investigación científica.

De manera resumida el investigar es un proceso de búsqueda y generación de conocimiento planificado, consciente, racional y crítico. Y la investigación tecnológica, en particular tiene como fin obtener un conocimiento para su aplicación y con ello lograr modificar o transformar la realidad en estudio y generar una solución a un problema. Trata de ir de las ideas a la acción, ya que se concibe como investigación- acción para generar bienes o servicios, intervenir y promover cambios y facilitar la vida del hombre. Persigue un conocimiento práctico, que sea más un conjunto de instrucciones a seguir para transformar el objeto, que explicaciones teóricas respecto a las cualidades del mismo.

La investigación tecnológica logra determinar un saber hacer técnico que recibe el nombre de “Know how”. Este saber hacer normalmente es un recurso rentable que deriva en beneficios económicos, por ello se protege bajo cláusulas de confidencialidad cuando responde a requerimientos explicitados o se protege vía patente (situación casi dudosa en la Reforma LOCTI, dada la condicionante de utilidad social y sin fines de lucro que dicha Ley establece, devolviendo las labores de CTI a un carácter altruista que desde mi punto de vista es contrario a tendencias mundiales, además de contraproducente al restringir la actividad a una visión superada en la LOCTI que la precedió). Por ello la investigación tecnológica normalmente está ligada a un campo de aplicación en particular, y se caracteriza por un lenguaje propio, especializado, utilitario y por su caracter multidisciplinario.

De esta forma la investigación tecnológica es un quehacer instrumental además de cognoscitivo; en contraposición a la investigación científica cuyo objeto en esencia es cognoscitivo.

Un problema en una investigación tecnológica posee un carácter práctico y concreto, señala un obstáculo o una necesidad que intenta modificar, en contraposición a una preocupación conceptual y explicativa, en donde la labor se desarrolla más en el plano fundamentalmente teórico. La investigación tecnológica rigurosa incorpora y se soporta en un basamento teórico, no agotándose ahí, ya que su objeto es transformar la realidad que estudia, mediante la acción.

Transformar es el proceso mediante el cual se interviene en una realidad particular para modificar el estado de las cosas o las circunstancias, hasta alcanzar el estado deseado, en dicho proceso se establecen al menos cuatro momentos significativos:  1. Lectura de la realidad, 2. Inferencia respecto de la forma en que ha de procederse para lograr cambiar la realidad, 3. Ejecución de acciones concretas para cambiar la realidad y 4. Apreciación de las nuevas condiciones presentes.

De esta forma investigar y transformar son dos extremos de un proceso continuo, en el que el primero se propone conocer el objeto y el segundo modificarlo. Se efectúan ambas tareas o una sola. 

La investigación científica se ubica casi por excelencia en extremo  correspondiente a la acción de indagar, dado que se determina como el proceso que se propone conocer y explicar de forma objetiva y suficiente el objeto en estudio, aún cuando es creciente el numero de investigaciones científicas que cierran el ciclo en un continuo que desemboca en el desarrollo tecnológico. La investigación tecnológica, no se ubica en el extremo opuesto, es un proceso que comprende ambas acciones, aunque con énfasis en la transformación o intervención, llegando incluso al desarrollo.

El proceso de investigación tecnológica implica un sistema complejo en el que se involucran al menos tres componentes: el teórico, el experimental y el práctico. Así un investigador apoyado en lo teórico, experimenta con la realidad para determinar los métodos adecuados para modificar la realidad.

La investigación tecnológica integra igualmente en su quehacer la lógica de la invención, el diseño y la innovación. Su carácter es más creativo que cognoscitivo, más ingenieril y menos descriptivo, explicativo y cientificista. Eso sí, sin implicar soluciones empíricas o improvisadas, o peor aún sin pretender dejar todo al ingenio. Necesariamente la investigación tecnológica debe incorporar y considerar el conocimiento científico y tecnológico pre existente en un trabajo investigativo  y de documentación exhaustivo y conectarlos con cualquier otro tipo de información técnica disponible. 

La interpretación de la realidad que se estudia y sus circunstancias se efectúan a partir de la información teórica disponible de ahí se deduce lo que debe hacerse y se prueba experimentalmente. Si lo probado resulta efectivo, se determina el procedimiento práctico a implementar. Posteriormente se optimiza o normaliza y se documenta para replica y masificación del conocimiento, aplicación o solución. De no ocurrir lo deseado se regresa al estudio de la situación y se continúa con la secuencia que no es necesariamente lineal.

Las etapas de una investigación tecnológica –bajo un enfoque didáctico-   son en esencia: la observación, la determinación del problema, la documentación, la reflexión y el análisis permanente, la elaboración e implementación de un plan de acción- intervención-  la valoración del proyecto y su ejecución, la comunicación de avances, la implementación, el seguimiento de acciones versus tiempo y planificación y la evaluación, bajo una sola noción: la búsqueda de un saber útil y aplicable, no un conocimiento universal y cierto.

Si bien la academia es por excelencia el ámbito en el cual se ha desarrollado la investigación científica, también aunque en menor cuantía es el espacio donde la investigación tecnológica ha proliferado de forma significativa en el país, a pesar del cuestionamiento de algunas voces  internas, además de las externas que desconocen su rigurosidad frente a la investigación científica. De igual forma centros de I+D fuertemente orientados a la investigación tecnológica han hecho su contribución y en estos últimos años de aplicación de la LOCTI 2005, hasta algunas  empresas han buscado formas de dar respuestas a problemas tecnológicos asociados a la optimización de sus procesos de producción, sustitución de materias primas, mejoras gerenciales y tecnológicas soportadas en ella.

La investigación tecnológica requiere de un productor, un creador, un innovador, un emprendedor, un inventor, un hacedor, un hombre que más que explicar la realidad anhele contribuir a la construcción de un nuevo y mejor entorno y que cuente con las herramientas y la preparación  para hacerlo. Por  ello la actitud de un líder en una investigación tecnológica es proactiva en busca de la transformación del objeto de estudio y parte de la no aceptación del estado en que se encuentra el problema de estudio. Es un estudioso que descubre, innova, aplica y desarrolla.

Lástima que el reto tenga tantos aderezos políticos y tanta carga burocrática que amenaza con hacerlo polvo.

martes, 10 de mayo de 2011

De la Ley Orgánica de Ciencia, Tecnología e Innovación y de la Responsabilidad Social Empresarial


Partiendo del hecho que hoy día una empresa sostenible es la que combina el desarrollo de su actividad empresarial de forma exitosa y rentable con el progreso económico de las comunidades donde está presente, teniendo en cuenta el impacto de su actividad en la sociedad y en el medio ambiente. La reforma de la Ley Orgánica de Ciencia, Tecnología e Innovación y en particular la definición de áreas prioritarias en este tema, parecen plantearle el desafío a las empresas cuyos ingresos brutos anuales sean superiores a las cien mil unidades tributarias y que deseen recuperar su aporte LOCTI, el incursionar, abonar o profundizar según sea el caso, en una cultura corporativa sustentable o socialmente responsable soportada en actividades de ciencia, tecnología e innovación.


Entendiendo el hecho que cualquier empresa en su quehacer diario actúa y toma decisiones que inciden, afectan, o impactan directa o indirectamente, positiva o negativamente  los intereses o expectativas de los diferentes grupos de interés con los que interactúa, sean estos sus clientes, empleados, proveedores, propietarios o accionistas y su entorno (sociedad, comunidades, universidades, medio ambiente, etc.); las mejores prácticas empresariales en materia de sostenibilidad corporativa apuntan a la necesidad de reconocer  e incorporar en la gestión diaria, las expectativas de estos grupos de interés, mediante un diálogo productivo conducente a gestionar la responsabilidad social de aquellas expectativas consideradas legítimas de los grupos de interés que la empresa ha de asumir como propios y a los que dará respuestas.

Para la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) la dimensión ética de la empresa, deviene en una ética de la responsabilidad frente a los diferentes grupos de interés y sus expectativas. De igual forma refiere la necesidad de “rendir cuentas a los grupos de interés, dada la creciente obligación  de ser más transparentes en la información que ofrecen a la sociedad en relación con sus prácticas y formas de gestionarse –muy a pesar de que los gobiernos no procedan de la misma forma-. 

De ahí la importancia para las empresas de comunicar de forma efectiva los criterios, compromisos y actividades que en materia de Responsabilidad Social Corporativa, en su triple dimensión: económico- financiera, social y medioambiental ejecutan para dar respuesta a los grupos de interés y sus expectativas. En la actualidad existen algunos estándares internacionalmente aceptados para hacer efectiva esta rendición de cuentas tanto internamente en la organización, como externamente, mediante memorias, informes o balances anuales públicos de sustentabilidad, los cuales por demás pueden ser enmarcados como un componente de cierre o de rendición de cuentan en los proyectos LOCTI. 

En la medida que una empresa ejecute y comunique las acciones en el marco de su compromiso de sostenibilidad hacia sus trabajadores, proveedores, clientes, universidades, comunidades, estará reforzando la integración de criterios éticos, sociales y medioambientales en su modelo de negocio, además de la visión de largo plazo en el desarrollo de sus actividades y relaciones estables y duraderas con sus grupos de interés, sobre todo en el actual contexto de conflictividad promovida, así como contar con un mejor gobierno corporativo capaz de anticiparse a los retos del entorno cambiante, y reforzar su voluntad de identificar y dialogar con sus principales grupos de interés para, de esta manera, entender sus expectativas y responder a ellas, beneficiando además su imagen corporativa.

Así entonces, de acuerdo a las mejores prácticas clase mundiales, una empresa socialmente responsable es aquella que lleva adelante un negocio rentable e innovador teniendo en cuenta todos los efectos ambientales, sociales y económicos –positivos y negativos- que genera en la sociedad.

 Las formas como una empresa puede aproximarse a la RSE no responden a un esquema o modelo único, estás  pueden estar vinculada directamente con el conocimiento del negocio medular que la empresa sabe hacer, donde se siente especialmente competente, en las áreas en las que tiene aspiración de transferir conocimientos a la sociedad, o a sus proveedores, empleados, clientes, etc. o bien vía negocios incluyentes. 

Otro enfoque que puede asumir es el  soportado en la decisión de apoyar financieramente la generación, transferencia y aplicación del conocimiento por terceros (sean estos Universidades, centros de I+D, Ong`s, asociaciones civiles, fundaciones y hasta particulares) que en caso concreto de su vinculación con la LOCTI, vía  proyectos de CTI que demuestren la capacidad en generar beneficios positivos al entorno o comunidad en la cual está inmersa la empresa y que contribuyan con el avance científico y tecnológico, o bien en sus procesos de gestión tecnológica considerando la variable ambiental, la energética, la competitividad, la productividad, o por el contrario en procesos de formación, emprendimiento, etc. 

Una tercera opción entre otras deriva de la formulación de proyectos donde la empresa articula diversidad de actores o instituciones y en conjunto formulan ese plan orientado a dar respuesta a determinada problemática en la que impactarán positivamente alguna o varios de las expectativas de sus grupos de interés.

De esta forma la responsabilidad social empresarial no responde a un modelo único, dado que la misma se sustenta en la libertad a la hora de tomar las decisiones de  acción, y por otro lado, a la noción de empresa plural.  Especial énfasis merece la comprensión de este punto ya que la reforma de la LOCTI si bien representa retos y desafíos al sector productivo en materia de RSE o de sostenibilidad, los cuales pudiéramos considerar como oportunidades para legitimar socialmente el rol de la actividad empresarial; también revierte amenazas en la instrumentación de acciones más decididas de parte de nuestro aparato productivo para promover la sustentabilidad de su acción en el entorno en la que está inserta.

Esta amenaza radica en el hecho que la inversión social para implementar cualquiera de las modalidades referidas anteriormente, debe ser entregada como aporte al “Ente regulador”, siendo éste, él que decide a su discrecionalidad y parecer a quién, cómo y cuándo entregársela, con todos los vicios que ello puede acarrear. Lo que en mucho puede diluir, confundir y sustraer el compromiso y la acción de la empresa para con sus grupos de interés, en la acción del Estado para con estos, pero con los recursos del primero.  Generando una significativa distorsión de las cosas y un esquema único donde se pudiera frenar y deslegitimizar más el papel y la importancia del aparato productivo nacional en el desarrollo sustentable e integral del país. Además de limitarse la posibilidad de reinversión de los aportes en la gestión de la innovación de productos, procesos, tecnologías de la propia empresa que den respuesta a sus clientes, trabajadores, proveedores, propietarios y a la propia sociedad; por proyectos de impacto social más directos.

Con estas amenazas tocará lidiar y procurar que el equilibrio y la libertad de acción predominen a pesar de lo restrictivas que luzcan las áreas prioritarias y algunas condiciones. Toca centrtarse en las oportunidades.

lunes, 21 de febrero de 2011

LOCTI: ¿Seguimos hablando de CTI o solo de investigación?


El progreso y desarrollo de una sociedad está indisolublemente ligado al avance del que hacer científico, tecnológico y de innovación de un país. Por ello es imprescindible que este que hacer no se politice, uniforme, coarte, ni limite. Muy al contrario por las características de sus bienes y servicios soportados en el conocimiento y su gestión, demandan la conformación de una masa crítica capaz de sistematizar, documentar, investigar, cuestionar, proponer,  generar, instrumentar y masificar conocimiento, aplicaciones y soluciones que agreguen valor bajo un criterio básico de autonomía e independencia de criterio ajenos a vaivenes políticos, económicos, religiosos o dogmaticos, que en ocasiones intentan alcanzarle y enajenarle en dinámicas que no le son, ni deben resultarle jamás como propias.

El desarrollo de las actividades de ciencia, tecnología e innovación comprende múltiples aristas y dinámicas que van desde los procesos de investigación científica o tecnológica, pero que no se restringen a la acción de investigar, es decir de indagar, documentar, probar, contrastar, experimentar o desarrollar teorías, modelos, metodologías, hechos, prototipos, taxonomías y un  extenso y valioso etc. 

Las labores de ciencia, tecnología e innovación presentan un mayor alcance, comprenden también actividades de gestión y desarrollo tecnológico, formación, divulgación, incubación de empresas de base tecnológica, emprendimiento e innovación, sea está científica, tecnológica, organizacional o social;  así como las actividades de transferencia y apropiación de tecnologías y conocimientos, vinculaciones técnicas externas, fomento de capacidades de CTI como la conformación de centros de I+D, unidades interfaz, spin-off, en el caso de las dos últimas  casi inexistentes o inoperantes en el país donde los esquemas tradicionales lo han restringido a los parques tecnológicos que a pesar de estar articuladas al campus o espacios académicos por excelencia presentan importantes limitaciones.

Como puede verse las actividades de CTI son más extensas que la investigación sea esta científica, tecnológica o social. Por ello preocupa que las orientaciones en torno a los usos de los recursos provenientes de la obligación derivada de la Ley Orgánica de Ciencia, Tecnología e Innovación (LOCTI) a dos meses de la reforma, parecen solo resumirse a la investigación (actividad que por demás resulta en mi criterio apasionada y valiosísima para el desarrollo de un país), corriendo el riesgo  de reducirse la LOCTI a una Ley de Investigación que entre otras cosas plantea la centralización de los recursos por el Estado; razón por la que surge la necesidad de recordar que la ley no es de investigación, sino de las actividades de ciencia, tecnología e innovación (CTI) que son más amplias y diversas que la sola labor de investigación per se.

Por otra parte las labores de CTI no tienen como único “locus” a la academia, que lógicamente tiene un peso específico, pero no el único. Las empresas, fundaciones, asociaciones civiles, centros de desarrollo tecnológico, Ong´s, tecnólogos, incluso profesionales independientes, consultores y estudiantes de post-grado, etc, además de las universidades, forman parte de esa masa crítica que conforma el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, que sabemos resulta insuficiente para los desafíos y retos que el desarrollo país entrañan. 

Las actividades de CTI requiere la confluencia de diversidad de actores y no responder a un modelo que se replantea la configuración del complejo y dinámico ciclo de CTI a una relación Estado – Universidad - Sociedad, donde la Empresa no interviene como “locus” de este ciclo sino como financista. 

Por otra parte, que se minimice la existencia de empresas evasoras o que lamentablemente desvían la obligación LOCTI a otros fines distintos a procesos de vinculación con las universidades y centros de I+D, o a procesos de aprendizaje, gestión tecnológica y de innovación depende por una parte de la adecuada comprensión y compromiso empresarial con la CTI local, pero por otra parte depende y mucho de una adecuada gestión de fiscalización, esa misma que ha impedido a la fecha actual conocer ¿cuántas unidades de I+D empresariales, además de las académicas se conformaron, reactivaron o potenciaron entre los años 2005 -2010, producto de la LOCTI 2005?, o ¿cuántas y en qué áreas se incrementaron las vinculaciones técnicas externas de las universidades con el sector productivo?, o ¿cuántos cursos de postgrado, diplomados, o programas de actualización profesional incrementaron su matrícula producto de la inversión LOCTI?, ¿cuántos cursos técnicos incrementaron su demanda por ello, cuántos divisas se ahorro el país producto de las actividades de ingeniería, diseño y desarrollo tecnológico de componentes, equipos, partes y piezas local?, pese al incremento general de importaciones promovidas por el propio Estado en rubros alimenticios, agrícolas, manufactureros, etc por la incoherencia de políticas públicas soportadas en procesos de expropiación y desmantelamiento de capacidades, ajenas al espíritu y fines de la LOCTI.

O por el otro lado, ¿cuántas publicaciones se generaron con los aportes recibidos por las universidades en estos 5 años de la LOCTI 2005?, ¿cuántas investigaciones y en qué áreas contribuyeron con el desarrollo país?. 

En ninguno de los casos encontramos respuestas certeras, porque el regulador en el tema lastimosamente no ha cumplido su rol y para hacerlo requiere una vez más reestructurarse y concentrar los recursos, criterios de funcionamiento y evaluación,  además de la aprobación de a quien le otorga y a quien no, así como los tiempos en que implementará con absoluta discrecionalidad tales procedimientos, además de la rendición de cuentas hasta ahora inexistente, a pesar de contar con gente valiosa y con capacidad de proponer e implementar propuestas sensatas, pero que tienen en muchos casos marginada, saturada, subutilizada y desmotivada.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

La reforma a la LOCTI: un desmantelamiento de sinergias entre los actores del SNCTI

La Ley Orgánica de Ciencia, Tecnología e Innovación (LOCTI) y su Reglamento parcial vigentes a la presente fecha, a pesar de contar con ciertas debilidades, expresadas en algunas ambigüedades, generalidades y hasta algunos conceptos imprecisos plasmados en sus literales en sus cinco años de instrumentación, constituyen instrumentos de política pública que han promovido procesos de generación de conocimiento por parte de las universidades más cercano a su aplicación por el sector producto al estar en muchos casos  coordinados entre ambos, siempre bajo el ojo del ente regulador.

La LOCTI  ha promovido que las empresas se acerquen de forma sostenida a las universidades y centros de I&D en busca de programas de formación y de investigaciones cada vez más customizadas a requerimientos puntuales, y de oportunidades de aplicación de resultados a la solución de problemas, o de masificar algún prototipo escala laboratorio impactando la productividad en una empresa química, metalmecánica, o de cualquier otro sector y segmento productivo, contribuyendo al apalancamiento de capacidades o a la creación de estas en conjunto.

Igualmente la LOCTI ha favorecido, el desarrollo de capacidades de innovación en las empresas mediante proyectos propios donde la vinculación con terceros actores, ha posibilitado el desarrollo tecnológico, la sustitución de insumos importados por una capacidad fabril local apalancada en la I+D, o bien de procesos de adecuación, optimización y mejora  tecnológica sobre la base de la gestión del conocimiento, o bien la actualización profesional del personal, contribuyendo al incremento de la productividad y competitividad empresarial y con ello al de las universidades y centros de I&D.

Incluso ha estimulando  la inversión por parte de las empresas en programas comunitarios de entrenamiento en oficios técnicos, o en la creación de capacidades de ciencia y tecnología en liceos y fundaciones a través de programas de intervención en materia social y ambiental. Así  como en la creación de centros de investigación, postgrados, financiamiento de becas, publicaciones, foros, premios, eventos de divulgación y transferencia de conocimiento sobre una amplia gama de tópicos.

Esta novedosa Ley ha favorecido la consolidación de relaciones y sinergias a partir de la confianza en este entramado de actores, que constituyen el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación,  a pesar de la ausencia e inoperancia de algunos eslabones de la cadena de valor.

No obstante, a pesar de este balance favorable desde todo punto de vista, en medio de un país bastante convulsionado, donde innovar es algo más que un reto, vuelve al tapete la discusión maniquea y politizada que limitará el trabajo conjunto y coordinado entre los actores de este sistema por la disputa de los recursos, en un escenario donde el Estado hace lo imposible para que sean destinados sólo al sistema público de ciencia, tecnología e innovación en un cheque en blanco, donde desconoce al resto de los actores distintos a los organismos adscritos al Ministerio de Ciencia, Tecnología e Industrias Intermedias, olvidando además en muchos casos de la rendición de cuentas a los aportantes de tales recursos. 

En el medio de este escenario la reforma a la LOCTI iniciada en el año 2009, parada y retomada en noviembre de este año crea nuevamente la incertidumbre sobre el marco legal que se supone debe estimular la ciencia, la tecnología y la innovación en este país, mediante el trabajo conjunto de los actores del SNCTI.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Innovar en Venezuela… algo más que un reto

Parte de mí día a día transcurre promoviendo, asesorando, orientando y sistematizando esfuerzo hacia la innovación en diversas empresas manufactureras y de servicios.  En ellas constato el tremendo esfuerzo que implica el mejorar y optimizar procesos productivos, fabriles, gerenciales, tecnológicos, organizativos y de formación del capital humano, en medio de un país que si bien cuenta irónicamente con una Ley de Ciencia, Tecnología e Innovación, de la noche a la mañana el marco jurídico vigente se ha vuelto significativamente hostil para todo aquel que ha emprendido una actividad productiva, crecido en tamaño y operaciones, hasta el punto de diversificarse y atender actividades conexas a su principal rezón de ser, resultando con el calificativo de oligarca, burgués y capitalista.  

Insolentes calificativos desconocen el esfuerzo que implica pasar de una pequeña escala productiva a una robusta y exitosa empresa en este país, donde ya solo el hecho de emprender y cubrir todos los trámites de registro y permisos implica sortear con éxito una pesada carga de burocracia, que no todos superan con éxito. No en vano Venezuela está ubicada en el Ranking global de facilidad para hacer negocios en el puesto 172 de un total de 178 países.

Si a está ya titánica labor le sumamos por un lado: los múltiples riesgos que implica generar oportunidades de empleo productivo, con el marco legal altamente impositivo y el frágil estado de derecho; y por el otro la nada sencilla tarea de acceder a las escasas materias primas y divisas que posibiliten la transformación de “commodity” en productos o bienes de mayor valor agregado “nacional”.


Todo ello en el marco de procesos de aprendizaje tecnológico, gestión de conocimiento, planificación estratégica, aseguramiento de la calidad, entre otros; encontramos que los emprendedores- empresarios no solo deben ser reconocidos y premiados en este país, por la hazaña  que implica ya solo el mantener operativa  y solvente la estructura de costos de una organización productiva, sino más aún por hecho de innovar a fin de tratar de alcanzar alguna ventaja competitiva a pesar de las obsolescencias de tecnologías, la competencia desleal de productos importados vía contrabando, la ausencia de incentivos económicos  y las prácticas de expropiación e invasiones, entre otras.

Entender que un país solo progresa en la medida  en que cuente con un aparato industrial y de servicios sólido, competitivo, innovador, responsable con su entorno y trabajadores, es una labor aún pendiente para Venezuela. 

El estimular el emprendimiento productivo, donde pequeñas ideas puedan generar pequeñas empresas y estas crecer y evolucionar en medianas y grandes iniciativas innovadoras privadas, integrándose a “clúster” o cadenas productivos ya existentes o por conformarse es la principal vía para alcanzar el tan ansiado estado de desarrollo de este país. 

Ello demanda una visión de país orientada a dicho objetivo, donde las políticas públicas de formación desde la educación básica hasta la universitaria estimule el emprendimiento, en sintonía con políticas públicas en materia industrial, científica, de innovación y tecnología, además de una equilibrada política micro y macroeconómica, hoy inexistentes.