En un mundo tan dinámico y cambiante, donde un mismo hecho revierte múltiples interpretaciones, miradas y visiones, soportadas casi siempre en el "background" y los sentimientos que nos acompañan, yo aquí plasmo las mías entre líneas, entendiendo que pudieran encontrar un sentido más allá del propio. En todo caso no es otra cosa que una mirada más... entre líneas.


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viernes, 29 de julio de 2011

El reto país: Edificar una Sociedad del Conocimiento y de la Innovación.


Las sociedades contemporáneas nos enfrentamos al reto de proyectarnos y adaptarnos a un proceso de cambio permanente que viene avanzando muy rápidamente hacia la construcción de Sociedades del Conocimiento, muy dinamizado por la informatización, las comunicaciones y por las nuevas tendencias en la generación, difusión y utilización del conocimiento. Lo que  está demandando la revisión y adecuación de muchas de las instituciones, empresas y organizaciones sociales, además de la creación de otras nuevas con capacidad para asumir y orientar el cambio.

La discusión moderna sobre la sociedad del conocimiento pasa  por el reconocimiento de que en la actualidad estamos a medio camino (refiriéndonos a Venezuela), es decir estamos en la sociedad de la información, pero en líneas generales todavía no en la del conocimiento (al menos no de forma generalizada, homogénea o incluyente) y en menor medida en la sociedad de la innovación. Es decir la  información abunda por todas partes, y en cierta forma estamos a diario expuestos y saturados por cúmulos de información de todo tipo y calibre, pero solo cuando elevemos la capacidad ciudadana para filtrar la información, sistematizarla, procesarla, interpretarla, interrelacionarla y aplicarla o usarla con suficiente criterio para transformarla en verdadero conocimiento útil, estaremos ante una verdadera sociedad del conocimiento y la innovación.

El conocimiento es en sí el resultado de la capacidad humana de análisis y comprensión de la información obtenida, lo que aunado a nuestra a experiencias previas, procesos de aprendizaje formales e informales, procesos de socialización, y de inter relacionamiento con otras visiones y enfoques lo propicia. El conocimiento se construye a partir de redes de ideas y conceptos, el aislamiento del mismo implica su pérdida de vigencia y obsolescencia, en parte porque su ciclo de vida es cada vez más corto, por ello su permanencia y actualización exige el relacionamiento, asociación y el establecimiento de vínculos que le complementen.


La información no es más que un instrumento del conocimiento, pero no es el conocimiento en sí. Lo que tampoco quiere decir que el exceso de información sea una fuente de mayor conocimiento. Muy al contrario mientras existan millones de ciudadanos a quienes no significan nada los cuantiosos datos y otras formas de información almacenadas y transmitidas por diversidad de medios, a causa, de carecer de la más elemental educación que le posibilite la capacidad de interpretar, analizar, interrelacionar y en consecuencia actuar, no podrá hablarse con seriedad de una sociedad del conocimiento y de la innovación. Pues en definitiva una cosa es saber y otra conocer.

Una Sociedad del Conocimiento y de la innovación es por tanto aquella en la que sus ciudadanos están en capacidad de identificar, generar, apropiar, difundir  y utilizar la información para crear y aplicar conocimientos  a fin de atender las necesidades de su desarrollo de manera creativa, innovadora y emprendedora y así construir su propio futuro, sobre bases plurales, incluyentes y participativas.

O dicho de forma práctica una sociedad del conocimiento es aquella en la que sus ciudadanos informados están en capacidad de conocer y ejercer responsablemente sus derechos y cumplir a cabalidad con sus deberes, pero además en la que sus ciudadanos conocen y desarrollan sus potenciales y capacidades para la toma de decisiones del día a día de forma autónoma, informada y creativa, ciudadanos capaces de desarrollar sus ideas, aliarse para llevarla a feliz término y emprender iniciativas sustentables, ciudadanos capaces de administrar y usar los recursos públicos y transformarlos en rentabilidad social y económica y no política. 

Ciudadanos con capacidad para exigir a sus gobernantes políticas públicas coherentes e incluyentes y sumarse voluntariamente a iniciativas en pro de ello, ciudadanos que conocen su historia como país, que estén en capacidad emprender nuevas formas de organización y respetar los distintos puntos de vista, ciudadanos con capacidad de comprender como funciona su principal industria o actividad productiva, ciudadanos esforzados  en hacer las mismas cosas de otra manera más creativa, ciudadanos con capacidad y autonomia para resolver problemas sin esperar que otro lo haga por él, ciudadanos solidarios pero a la vez competitivos, ciudadanos con capacidad de distinguir lo bueno de lo malo, ciudadanos con capacidad para soñar y planificar un futuro y trabajar articuladamente para alcanzarlo; generando y usando el conocimiento para actuar. 

De forma tal, la sociedad del conocimiento pasa por el reconocimiento de al menos cuatro características principales:
  1. La conversión del conocimiento en factor crítico para el desarrollo productivo, humano, cultura, social y político.
  2. El fortalecimiento de los procesos de Aprendizaje Social como medio para asegurar la apropiación social del conocimiento y su transformación en resultados útiles, en donde la Educación de "calidad" juega el papel central y estelar.
  3. La ciencia y tecnología integrada al desarrollo social, industrial, económico y cultural a fin de elevar el saber popular, cotidiano y empírico  por un conocimiento, más racional, crítico, reflexivo, científico y emprendedor (tanto cognitivo como instrumental)
  4. La conformación de nuevos mapas mentales en remplazo de prenociones simplistas sembradas en el imaginario colectivo y  reforzados por el estimulo de antivalores, tales como ser rico es malo, ser un país próspero es vivir de la renta petrolera, el éxito depende de la picardia y viveza con que te manejes, el modelo de mujer ideal es la Miss Venezuela, entre otros tantos.
El reto por tanto para nuestro país, es el edificar una Sociedad del Conocimiento y de la innovación, incluyente, colaborativa y solidaria, que posibilite replantearnos el propio concepto de desarrollo de cara al futuro posible y deseado, desde el presente y que el mismo parta de la valorización de nuestra gente, nuestro “capital humano”, nuestra creatividad y que promueva el relacionamiento, el trabajo articulado y una cultura del aprendizaje sistemico, que nos conduzca a una verdadera sociedad del conocimiento y de la innovación.
 

martes, 15 de marzo de 2011

La Reforma de la Ley de Universidades: ¿Oportunidad u otro tren perdido?


La reforma de la Ley de Universidades debería constituir una oportunidad para apalancar una educación de calidad en el país, fortaleciendo a las instituciones de educación superior en beneficio de garantizar la excelencia del capital humano que de ella egresa.

Una reforma de este calibre debería constituir una oportunidad para favorecer la modernización, globalización y la apertura de nuestras casas de estudio a nuevas realidades como: la conformación de programas de titulación conjunta o doble con universidades asiáticas, europeas y norteamericanas de las cuales sin duda podemos aprender tanto, así como la conformación de programas de intercambio de estudiantes de pregrado en el extranjero, como elemento cuasi taxativo en los pensum de estudios, que pudieran disponer de subvenciones o apoyos financieros del Estado a nivel del pregrado.

Estas prácticas posibilitarían verdaderos procesos de transferencia, asimilación, intercambio, aprendizaje, apropiación y generación de conocimientos, de experiencias interculturales y mejores prácticas que sin duda pudieran hacer la diferencia y enrutarnos por la senda del desarrollo, como lo han hecho diversidad de países de la llamada economía emergente como Singapur, Finlandia, India, Noruega y un largo etc. donde el disparador ha sido reformas implementadas en sus sistemas de educación, de ciencia y tecnología; favoreciendo la atracción e integración de los mejores programas educativos internacionales en sus países y de valoración de sus docentes y profesores como agentes determinantes para el salto cuántico. 

Lógicamente ello requiere de la concertación de una visión de país de largo plazo con un horizonte claro y metas concretas orientadas a incrementar los niveles de calidad de nuestra educación, vía políticas públicas que favorezcan y propicien el intercambio educativo y la conformación de programas formativos  conjuntos a universidades clase mundiales, la mejor dotación de la infraestructura de nuestras casas de estudio, entre un largo etc.

Para ello es imperativo en nuestro país la resolución de temas verdaderamente vergonzosos - como lo son las deudas acumuladas en el pago de profesores -sobre todo con un  ingreso petrolero tan cuantioso como el de los últimos años-, el mejoramiento significativo de sus esquemas salariales y status, asignándole el peso específico que dicha labor tiene para una sociedad que entiende la valía de esta labor para su desarrollo  y de  presupuestos holgados en nuestras casas de estudios para  su óptimo funcionamiento y no la continua presencia de presupuestos deficitarios, que merman la capacidad, operatividad y la calidad de nuestro sistema educativo universitario.

Replantearnos el sistema educativo superior sobre una visión de futuro y esquema progresista, si es una misión revolucionaria, que incluso  transciende  aguas abajo en el esquema de formación de la básica (primer nivel y segundo nivel); replantearnos la exigencia del idioma ingles desde los primeros años de formación y la existencia de cátedras bilingües, son entre otros elementos, la discusión de fondo que en lo personal espero se den en una reforma de nuestra ley de universidades.

No obstante llama la atención que estas exigencias o deseos no son las que escuchamos ni por asomo  en estudiantes, ni en profesores en un país cuya polarización política parece haber arrasado la visión de futuro y de largo plazo, donde los temas centrales de la discusión parecen ser los mismos, los administrativos, presupuestarios, sistema de elección de autoridades rectorales  y de rendición de cuentas, todos temas importantes, pero descuidando una vez más el centro del asunto que es  la calidad de la educación y cómo debemos hacer   (estrategia integral de largo plazo) para  que nuestros profesionales  estén a la par de los egresados de  universidades clase mundiales. 

Una discusión de la reforma de la ley de Universidades , de igual forma no debe perder de vista la instrumentación de mecanismos y políticas públicas que propicien y estimulen una mayor vinculación con el sector productivo y promover procesos de investigación que deriven en patentes de interés industrial, que transciendan la invención y  que  efectivamente puedan derivar en procesos de emprendimiento empresarial exitosos y de innovación; estos son algunos  elementos que en lo personal aspiro constituyan el centro de una discusión seria, responsable, necesaria y con visión de futuro de tan importante instrumento, caso contrario en mi opinión pudieramos estar ante otro oportunidad perdida país.

martes, 9 de noviembre de 2010

El agobio de convivir con la Inseguridad


Ayer fui una víctima más de la inseguridad, como la mayoría de los habitantes de este país. Sin saber porque, en el medio de una autopista atestada de carros y una copiosa lluvia -producto de la ya permanente inestabilidad atmosférica que circunda a Caracas en estos días- dos hombres en sus motos, se sintieron con el derecho de golpear violentamente los vidrios de mi camioneta y atemorizarme con un arma que mostraron dentro de un bolso, supongo que para que entendiera que mi vida estaba en juego  y en sus manos, razón por la que debía entregarles mis pertenencias.

Mantuve la calma, y como pude evalué opciones encomendándome a Dios, como todos los que pasamos por esta lamentable experiencia. Por fortuna y obra del creador salí ilesa del incidente y terriblemente preocupada e indignada por la realidad que sabemos cierta hace rato: La vida no vale nada por estos lados. Y aún entendiendo esta delicada y dramática realidad que vivimos como sociedad no somos capaces de unirnos como país y exigir que la vida se respete, indistintamente de la creencia política, del  poder adquisitivo, nivel educativo o de la religión que se profese y que para que ello sea una realidad las instituciones públicas responsables de la seguridad deben hacer su trabajo.

El que no podamos circular por una autopista o por una calle a plena luz del día, o que tengamos que vivir enrejados, resguardados y perseguidos por ese  agobiante sentimiento de que en cualquier momento puede salir algún desadaptado que se siente con la libertad de robar, secuestrar, violar o matar constituye una situación que como sociedad debemos parar, por lo insostenible y bizarra que es para el futuro del país. 

Nuestras estadísticas dan cuenta que la tercera causa de muerte  es la violencia, precedida por enfermedades cardiovasculares y cáncer, así tenemos que más de cien venezolanos mueren en todo el país cada fin de semana producto de la inseguridad, ocurren en promedio  5 secuestros al día,  2 hurtos por hora y 46 por día, cifras que dan cuenta lo enfermo que estamos como sociedad, al ofrecer más oportunidades país a la muerte que las que pudiéramos tener para  emprender y ser seres productivos.

La pérdida de valores, la droga, la politización maniquea de las instituciones responsables de garantizar la seguridad y sancionar al que delinque, la fragmentación de la ciudad en parcelas estanco donde la escasa coordinación y acción de los entes responsables de evitar la muerte se fragmenta y diluye en la nada, junto a la nefasta dicotomía que coexiste entre antivalores versus la posibilidad de surgir a pulso y esfuerzo de la periferia de miseria que no ha resuelto gobierno alguno en esta tierra, constituyen ese nefasto caldo de cultivo que reproduce seres violentos capaces de truncar vidas para hacerse de un celular, unos zapatos, un vehículo y hasta sin motivo alguno.

Las causas de esta nefasta situación de delincuencia en el país, no es otra que la ausencia de políticas públicas, que por un lado posibiliten al venezolano con más carencias que prospere en calidad de vida y bienestar al contar con un país que le ofrece oportunidades de formación, empleo, salud, vivienda y que no se vea en la necesidad o comodidad de delinquir.  Y por otra de políticas públicas que sancionen severamente a aquellos que delinquen y atentan contra la vida de terceros. 

Recuerdo que la seguridad de todos los ciudadanos es obligación de los entes públicos, sin distingo la Constitución contempla, dentro de los derechos de los venezolanos, la protección por parte del Estado y el deber del ejecutivo nacional de mantener y restablecer el orden público y asegurar el pacífico disfrute de las garantías y derechos constitucionales, no obstante la lamentable realidad que experimentamos a diario los ciudadanos, es la inaceptable impotencia de vernos vulnerados por una delincuencia desatada que poco  interesa frenar.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Desmantelamiento de capacidades en un país de oportunidades

La conformación de un entramado productivo como  el reducido parque industrial venezolano nos ha llevado más de medio siglo como país. Si bien se apuntaló bajo un modelo  de desarrollo con importantes debilidades, al soportarse en un patrón de especialización basado en la explotación y exportación de recursos naturales, fundamentalmente del petróleo, con un sector enclave intensivo en capital, en una economía de servicios a su vez intensiva en mano de obra de baja calificación, se logro conformar con sus lógicas limitaciones un tejido productivo nacional que ha logrado acumular un valioso aprendizaje tecnológico y organizacional y conformar una capacidad institucional a nivel gerencial, tecnológico, de gestión de la información, mercadeo y del manejo de su relación cliente – proveedor que constituyen hoy día nuestro principal acervo industrial. 

En particular las empresas  de ingeniería y consultoría, construcción, servicio a pozos, metalmecánicas, metalúrgicas y manufactureras conexas a la actividad  petrolera, petroquímica y gasífera, aguas arriba (proveedoras de bienes o servicios) como aguas abajo (transformadoras de materias primas en productos finales de mayor valor agregado) representan los sectores más desarrollados de nuestra industria de procesos y servicios, por la mismas exigencias que promovía la PDVSA otrora a su cadena de valor, desde sus proveedores hasta sus clientes a nivel de implementación de normas ISO y certificados internacionales, sistemas de aseguramiento y normalización de la calidad en sus procesos productivos y en la ejecución de obras de envergadura, que contribuyeron con el desarrollo de proveedores a nivel nacional y en menor medida en la conformación de cadenas productivas aguas abajo.

Esta incipiente pero valiosa capacidad empresarial, cincuenta años después, más doce años  de “un proceso que pregona preceptos socialistas”, mantiene su condición esencialmente mono exportadora, dependiente del petróleo y de los vaivenes de sus precios. Con el agravante demoledor  en esta última década que pregona por todas las vías imaginables objetivos que buscan favorecer una economía diversificada, endógena, soberana e independiente, que no solo no han sido alcanzados, sino que realmente no son, ni han sido sus objetivos directos o indirectos. Muy al contrario  sus propósitos más diáfanos son profundizar la dependencia económica, productiva, alimentaria, en materia de salud y ahora constructiva a capacidades foráneas o exógenas.  Fortaleciendo así el entramado productivo y capacidades empresariales externas de otros países - llamados en esta década aliados" en detrimento de las capacidades locales.  


Es así como asistimos en Venezuela a un dramático desmantelamiento de esas capacidades que muchos años ha costado conformar, el cual se profundiza peligrosamente en el año 2007, con el inicio de la política de estatizaciones y expropiaciones que ya suman más de 200 empresas afectadas principalmente en materia de energía, agroindustrial, telecomunicaciones, siderurgia, banca, alimentos y ahora constructoras. El cual se ha orientado en estos sectores por considerarlos estratégicos para la economía nacional y con el supuesto propósito de alcanzar “soberanía e independencia productiva, alimentaria, energética, financiera o constructiva, bajo un esquema de producción socialistas”; alcanzándose todo lo contrario a dichos supuestos objetivos. Las consecuencias de este proceso de expropiación sistemático, junto a controles de precio y fuertes presiones tributarias ha sido una mayor dependencia de las importaciones y una creciente desinversión de las actividades productivas en el país, aunado a una concentración de capitales por un estado ineficiente y sobredimensionado que gerencia con criterios políticos, populistas, sectarios y hegemónicos.

Prueba de ello, lo constituyen la situación que experimentamos en rubros en los que la producción nacional era autosuficiente como el café, el arroz, y el maíz blanco, este año han tenido que ser importados para abastecer la demanda local, ya que la producción ha disminuido considerablemente, debido a la regulaciones de precios, la conflictividad laboral promovida en muchos casos por entes públicos que deben mediar para su solución,  entre otros factores que ha estimulado la desinversión en el sector  al impedir que dichos rubros resulten rentables.

En el caso del azúcar si bien la producción nacional históricamente no abastece la demanda local, las importaciones aumentaron desproporcionalmente 152 % en el primer semestre de este año, según cifras del INE, al importar 223.629 toneladas en comparación con las 88.770 toneladas del primer semestre del año 2009 y las estimaciones del sector para atender la demanda son importar 600.000 mil toneladas por la pronunciada caída de la producción. Similar situación ocurre con  el maíz blanco, con el arroz, caraotas, o bien con la  leche, quesos y pollo, carne, e incluso el cacao y sus preparaciones que recién han sido consideradas estratégicas para el país, y del cual ya somos exportadores, no obstante las importación del rubro son superiores a la producción y a las exprotaciones.*

Situación que es análoga en otros sectores como la manufacturera, que se viene agravando por la entrada de productos terminados provenientes de China, afectando principalmente a la industria local del calzado, confección, juguetes y un largo etc. O bien el sector metalúrgico que está trabajando al 40% de su capacidad instalada, por el desabastecimiento de insumos provenientes de SIDOR que ha reducido significativamente su producción una vez fue estatizada, lo que aunado a la contracción que ha experimentado este año la actividad de la construcción y la paralización de algunos proyectos en la industria petrolera, se ha reducido la demanda de estructuras metálicas, tuberías y perfiles, tanques, alambres, recipientes, vigas soldadas, que requieren constructoras y empresas del área de los hidrocarburos.
 
Por otra parte, Venezuela fue el país con la mayor caída en sus exportaciones (39%), a los restantes países de la región el año pasado; el comercio de Venezuela con la Comunidad Andina cayó 38% en 2009, con Mercosur la disminución fue de 15,9%, con México 36% y con Chile 28,3%. **

Mientras, las inversiones mil millonarias escasamente planificadas que se destinan en compra de alimentos y demás rubros que podemos abastecer localmente, constituyen recursos que dejan de ser inyectados en áreas que  requieren urgente atención en el país, como la seguridad, presupuesto de universidades autónomas para su adecuado funcionamiento, infraestructura vial, dotación de hospitales  y  viviendas en el país, acciones que si son absoluta responsabilidad del Estado, no así la producción de bienes. Sin embargo, direccionar este inmenso caudal de recursos en dólares a la importación de bienes y productos, resulta más rentable para funcionarios que manejan recursos públicos de forma discrecional y sin mecanismos de rendición de cuentas, en lugar de destinarlos a promover el desarrollo productivo nacional, que en definitiva se mueve en bolívares cada vez más débiles.

*  Anuario Estadístico, Instituto Nacional de Estadísticas (INE)
** Informe de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI) 2008-2009

lunes, 4 de octubre de 2010

Apelemos a la Inspiración

En la Venezuela de estos tiempos, la desesperanza aprendida a ratos arropa el país, expresándose en esa convicción de que es imposible modificar la realidad, independientemente de las acciones que emprendamos para cambiarla. Gran parte del país vive saturado de esa nefasta sensación que proclama que las cosas seguirán irremediablemente igual o incluso peor, alimentada por fracasos reiterados de múltiples esfuerzos e intentos realizados para superar diversas situaciones adversas.

Entrampados en ese círculo nocivo, cuesta encontrar la inspiración que permita elevar la autoconfianza como individuos o bien como colectivo y enfocar esfuerzos en doblegar de modo indetenible la adversidad.

La inspiración es esa fuerza irracional e inconsciente, casi un estado  de éxtasis que puede llevarnos a superar con éxito las dificultades más complejas hasta alcanzar nuestros propósitos, sueños y metas, siendo estos a su vez el origen de la misma.  Cuando esta fuerza extraordinaria nos guía, podemos ser indetenibles por muy extenuante y arduo que resulte el  camino. 

Los griegos la consideraban “un impulso divino” y aunque existe una extensa discusión sobre el origen de la inspiración, en la cual varias corrientes del pensamiento la conciben  como una fuerza externa al individuo y por ello la presunción de algunos de catalogarla como un “regalo de los dioses”, otras en cambio la determinan como intrínseca  al ser humano. En lo personal la entiendo como propia o interna al ser.

Lo cierto es que la inspiración es más determinante que la motivación. La motivación nos colma de las razones básicas para seguir adelante. Pero la inspiración llena esas razones de esperanza y entusiasmo.

Apelar a ella es imprescindible en estos tiempos que corren, encontrarla, cultivarla a fin de vivir inspirados, esperanzados, entusiastas y contagiar a otros con esa fuerza interna y demostrarnos con acciones y esfuerzos permanentes que podemos superar una condición de pobreza, o bien emprender con éxito un negocio, aprobar un año escolar, en fin sea cual sea la meta o visión que tengamos  por muy adversas que sean las condiciones.

A diario vemos como algunos personajes del “fashion star” mundial que pudiéramos pensar que lo tienen todo para ser felices, arruinan o entrampan sus vidas, en parte porque no cuentan con inspiración para vivir. De igual modo, quienes viven en absoluta precariedad y carestía, refuerzan ideas pesimistas sobre la imposibilidad de salir de la adversidad ante las escasas oportunidades, debilitando  sus esfuerzos y su visualización en torno a que quieren en la vida y como trabajar para alcanzarlo.   No obstante, muchos lo logran y en parte el elemento diferenciador lo constituye la Inspiración; esa fuerza incontrolable que permite estar enfocados en un propósito y misión de vida, y que lleva a levantarse tantas veces como se cae y proseguir, evitando el conformismo y  mirando oportunidades donde otros solo aprecian amenazas.

Dos excelentes obras cinematográficas relatan de forma excepcional esa fuerza llamada Inspiración. Ellas, Invictus cuyo director es  Clint Eastwood y Hermano de Marcel Rasquin. Deteniéndome en la segunda, por ser una joya cinematrográfica venezolana, que nos habla de nuestra realidad como país, Hermano expone de forma diáfana la fuerza de la inspiración en Daniel, un joven que nace y crece en un barrio caraqueño que ofrece pocas oportunidades. 

Él  vive frenéticamente enfocado e inspirado en el fútbol como medio para superar las carencias y ausencias económicas  de su familia. Por esta razón lo primero que hace Daniel al despertar de forma automática y convulsiva es entrenar día tras día, reforzando su inspiración con un video de un juego del Caracas Fútbol Club, al cual sueña ingresar. Estudia y se aleja de la bebida y drogas por saberlas nocivas y contrarias a su propósito de vida y a pesar de las carencias económicas no se desvía por el camino del tráfico de drogas en el barrio, aún cuando sabe a su hermano mayor Julio en ese camino. 

Su convicción es tan grande que se esfuerza en mejorar su talento como futbolista e intenta contagiar a Julio de esa inspiración como medio  para prosperar y comprarle en un futuro la casita a su madre. Es esa misma fuerza interna la que le permite a Daniel seguir enfocado a pesar de una pérdida trágica.   Y logra el objetivo, incluso acordando sus términos de contrato  imponiendo la hermandad, solo que por infortunios de la vida y en particular del contexto urbano la fatalidad se impone, lo que sin duda alude a la complejidad, pero no por ello a lo imposible.

En esencia la película ilustra el hecho, que cuando  contamos con un propósito de vida, una misión y visión claras, sin dejar de ser realistas, pero sin deambular sin norte, o buscando falsas vías rápidas, la inspiración estará de nuestro lado y sólo trabajando arduamente y guiados por la esperanza, estas se pueden alcanzar. En parte porque comprendes tu realidad y calibras el arduo trabajo que te permite ver o crear las escasas oportunidades y no dejarlas pasar, sin esperar que te la ofrezca un tercero que puede no llegar.

jueves, 23 de septiembre de 2010

En medio de un inmenso país…con ausencia de políticas públicas

Venezuela, nuestro hermoso y frágil país, ese que cobija nuestros más entrañables recuerdos de infancia, los años de estudio y discusión, nuestros amigos, las aventuras y amores a la venezolana, nuestros encuentros y desencuentros con el que hacer laboral, profesional o de emprendimiento;  es también él que esperamos albergue nuestros sueños y metas futuras más sublimes, humanas y profesionales por realizar.

Y digo esperamos, con un sentido de urgencia y de deseo delator de que es aquí, donde al menos yo quiero seguir mi transito de forma libre y en paz.

Si bien desde que tengo uso de razón la ausencia de políticas públicas ha sido la constante, aunado a la corrupción, la falta de planificación y la ineficiencia pública en el adecuado cumplimiento de sus funciones. Esta anomalía se agrava ante nuestros ojos de forma desproporcionada en particular en los últimos 10 años, atentando contra nuestro propio desarrollo en este suelo que nos cobija. 

Las políticas públicas no son más que el conjunto de lineamientos y planes de acción que definen la acción gubernamental, cuya implementación se traduce en programas y proyectos, que implican acciones y actividades concretas, coherentes, planificadas y coordinadas sobre una visión de país compartida y tendiente a generar progreso, bienestar, crecimiento y desarrollo. 

La ausencia de políticas públicas implica, la decisión de no actuar ante un determinado problema y por tanto esa decisión de no actuar conforma en sí misma una política pública, de no hacer, no ejecutar o no implementar, lo que ya en si es una tragedia de larga data en este nuestro país. 

Otra cosa es cuando se suma a esta ausencia, el diseño de leyes que promueven procesos de segregación, división y sectarismo que se traduce en la institucionalización de antivalores y normas contrarias a principios fundamentales de convivencia y del desenvolvimiento sano de la actividad productiva, educativa, de seguridad social, judicial, del desarrollo local y hasta el electoral en el país.

Es nuestra vida la que se ve directamente afectada por la institucionalización de antivalores, razón suficiente para entender que somos responsables por permitirlo y somos también los responsables en solucionarlo. Responsables, si por nuestras omisiones y a veces por nuestras miserias, por creer que la culpa es de la vaca, del toro o del tigre, pero nunca nuestra. Responsables por dejarnos imponer líderes mediocres y visiones ajenas a las nuestras, por tener memoria frágil, por leer y no comprender, por pasar la página y no acumular aprendizaje, por criticar y no aportar, por no tenderle la mano al otro que ahora llamamos adversario, por olvidarnos del otro, ese que tiene carencias y necesidades tan inmensas, que en medio de nuestra propia subsistencia diaria es difícil suplir solo con limosnas.

Por ellos debemos trabajar todos, porque solo en la medida en que el venezolano con más carencias prospere en calidad de vida y bienestar al contar con un país que le ofrece oportunidades de formación, empleo, salud, vivienda, entre otras tantas es que garantizaremos nuestro propio bienestar y por ende un país más seguro, menos violento, sin resentimiento y más humano.

Sin duda la esfera de las políticas públicas constituye el principal factor que debe aportar en la solución país, pero aunada a ella debe estar de pie cada ciudadano sumando desde su micro-esfera de actuación. Y es nuestra obligación asumir el liderazgo ciudadano responsable, ese que exige y no mendiga políticas públicas cónsonas y de equidad en todo el país,  el mismo liderazgo que exige rendición de cuentas y ejecución de proyectos y obras a tiempo, de forma efectiva y eficiente que nos incluyan a todos.